El reciente y vergonzoso enfrentamiento verbal – al aire – entre dos periodistas, invita a reflexionar sobre el verdadero propósito de esta labor.

 ¿Qué es lo peor que le puede pasar a un periodista? Perder credibilidad. Si bien la credibilidad es algo que perseguimos todos, independientemente de nuestra profesión u oficio, en el caso de un profesional dedicado a informar, es el valor fundamental para construir reputación, es el andamiaje de su carrera, del cual hacen parte los principios tantas veces citados y así mismo, pasados por alto: Buscar la verdad de los hechos, mantener la independencia (decía Javier Darío Restrepo que es necesaria la independencia para poder llegar a la verdad), procurar la imparcialidad y la equidad, y asumir la responsabilidad sobre lo que se informa.

El ejercicio de estos principios equivale a señalar que en la labor periodística “no todo vale” con tal de conseguir la noticia, la declaración del entrevistado o la primicia por parte de la fuente. Y aquí entra en escena otro tema muchas veces tratado, la ética periodística que tiene su soporte en la necesaria auto regulación de periodistas y medios. Más allá de contar con una serie de normas o reglas, se trata, como señalaba el profesor norteamericano John C. Merril, de determinar lo que es correcto hacer. Cuando la labor del periodista es controvertida, por las consecuencias o impactos negativos que genera, frecuentemente éste apela a su legítimo derecho a la libertad de expresión (y no faltan voces que lo apoyen), pero ¿cuál es el límite de esa libertad? Recordemos que no siempre lo que es legal es ético. 

La labor periodística tiene un gran componente de responsabilidad social. Lo que  publica el periodista y el medio de comunicación tiene un impacto en la audiencia que le sigue, marcando tendencias, generando reacciones, es decir, formando la opinión pública. Y esto tiene todo que ver con la sostenibilidad, si consideramos el poder del periodismo para generar conocimiento en la ciudadanía, para abrir diálogos sobre los problemas que afectan a una comunidad, para hacer seguimiento a la gestión de las autoridades, para poner en primer plano los temas fundamentales en la consecución del desarrollo, para cerrar brechas y evitar la polarización que lleva a enfrentamientos, muchos de ellos inútiles.

Colombia es un país que genera muchas noticias, y aquí el periodista tiene una gran oportunidad, no para controvertir, sobresalir y tratar de tener la razón, sino para servir de elemento formador de opinión con un objetivo sostenible. Pero es una labor que requiere rigurosidad. Como dijo alguien (lastimosamente no recuerdo su nombre) no se trata de generar discusión en si está lloviendo o haciendo sol, se trata de abrir la ventana y comprobarlo.