Por Deniss Montero Figueroa

Este 26 de enero se celebró el Día Mundial de la Educación Ambiental, conmemoración creada para generar conciencia y soluciones a los problemas ambientales causados por las actividades del ser humano. ¿Cuál es el rol de los colegios?

Bien sabemos que el Planeta es la casa de todos y que no tenemos (al menos no se ha descubierto aún) un Plan B para la Tierra. Por ello, es hora de emprender acciones. Sí, es verdad que muchas decisiones son políticas y corresponden a los gobiernos, pero el aporte desde la acción individual cotidiana es muy grande, aunque no lo dimensionemos.

En este aspecto es fundamental educar a los niños y jóvenes para que tengan conciencia sobre el impacto (positivo y negativo) que sus actividades tienen en el entorno. Es una labor que comienza en casa, nadie lo niega, pero que se fortalece en el colegio, y que debería ser parte, no solo del pénsum académico, sino también de la filosofía y cultura de cada plantel.

Como bien sabemos “la palabra convence, pero el ejemplo inspira”. Y el ejemplo no es otra cosa que la demostración de coherencia entre el decir y el hacer, de lo contrario se genera confusión y se pierde credibilidad. ¿Cómo puede demostrar un colegio coherencia en su compromiso con el medio ambiente? Algunas acciones concretas pueden ir enfocadas en las famosas 3R: reducir, reutilizar y reciclar.

Reducir: muchas veces implica repensar las cosas, rediseñar las estrategias para establecer realmente qué tan necesarios son ciertos materiales. Las listas de útiles escolares, por ejemplo, tienden a ser una repetición (un copy paste) de las de años anteriores, seguramente sin hacer una revisión concienzuda de su necesidad. Otra forma de reducir es incentivar que los estudiantes tengan su propio mug para las bebidas que disfrutan en los descansos. Así se reduce el uso de vasos desechables y se generan cambios de mentalidad que dejarán huella en ellos.

Con frecuencia, al finalizar el año escolar, los cuadernos quedan con varias (incluso muchas) hojas en blanco. Sé de colegios que promueven el uso de esos cuadernos al inicio del nuevo año, para no desperdiciar hojas y reducir el consumo de estos materiales.

Reutilizar: Sin ánimo de perjudicar a las empresas editoriales, una alternativa es reutilizar al máximo posible, los textos escolares, de manera que los alumnos al terminar un grado, puedan donarlos o venderlos a menor precio, a quienes vienen detrás de ellos. Algunos colegios incluso organizan y fomentan estos espacios a manera de ferias del libro.

Un elemento que se puede reutilizar son las carpetas plastificadas: en algunos casos es difícil lograrlo, toda vez que cada año las piden en colores diferentes. Otra opción interesante es que los docentes fomenten el aprovechamiento de materiales que quedan de trabajos anteriores como papel, cartulina, plastilina, foami, etc., para la realización de nuevas actividades académicas. Y como ñapa otra idea: promover espacios para ofrecer los uniformes que los chicos, al crecer, van dejando en perfecto estado.

Reciclar: No solo se trata de ubicar los contenedores por cada color, para separar materiales reciclables y residuos orgánicos, también es importante que los alumnos comprendan la esencia y la importancia del reciclaje. Por ejemplo, enseñarles que una bolsa plástica tarda 150 años en desaparecer o que una persona en Colombia consume 24 kilos de plástico al año, y la mayor parte de este plástico (56%) es de uso único en elementos como pitillos, cubiertos, tapas de refrescos y envases de jugo. ¿Qué tal si los planteles empezaran a incluir dentro de sus asignaturas electivas o centros de interés, talleres para el aprovechamiento de material reciclado, a fin de elaborar elementos de uso cotidiano o artísticos?

En Colombia y en el mundo, los jóvenes están levantando la voz para reclamar un cambio que garantice la preservación del Planeta y de su futuro. Y es responsabilidad de padres, docentes y directivos de colegios, escucharlos, educarlos, orientarlos y prepararlos para ese futuro.