Por Deniss Montero Figueroa

Revisando la lista de útiles que solicita el colegio de mi hijo, para el inicio de su año académico, me detengo a reflexionar en algunos de los elementos enlistados, por ejemplo, 2 resmas de papel bond, 8 paquetes de octavos de cartulina, un rollo de papel craft, en fin, elementos que aún no tengo certeza de que los lleguen a utilizar en su totalidad.

Pero mi reflexión va más allá del tema netamente económico (ya de por sí una preocupación para los padres al inicio del año escolar) para relacionarla con las tristes noticias que llegan cada día de diferentes partes del mundo: Australia consumida por las llamas; la romántica Venecia entre las inundaciones y la sequía; los incendios forestales en Colombia, temas que, sin duda, a todos nos afectan o terminarán afectándonos más temprano que tarde, y cuyas consecuencias más drásticas vivirán las generaciones que hoy se educan en colegios y escuelas.

Y me pregunto, ¿qué tanto están haciendo los planteles educativos en Colombia por la educación ambiental y la sostenibilidad? Más allá de ubicar contenedores para clasificar los residuos y el material reciclable, de disponer de letreros formativos en los baños para evitar el desperdicio de agua, o de presentar videos con los efectos del plástico en los ecosistemas marinos, creo que faltan acciones que demuestren un verdadero compromiso con el consumo y un responsable aprovechamiento de los recursos.

Volviendo al tema del papel requerido en las listas de útiles, se me ocurre una simple operación matemática: si a cada alumno le piden 2 resmas en un salón de 25 estudiantes, quiere decir que cada salón está recibiendo (no sé si gastando) 50 resmas de papel bond. Si una resma pesa 2.3 Kg, quiere decir que un solo curso está disponiendo de 115 Kg de papel.

Conocedores en la materia, señalan que un árbol de unos 20 o 30 años, puede llegar a producir hasta 20 Kg de papel, pero en el proceso de producción, también se requiere agua. Para fabricar una hoja blanca, se utilizan 370 Cm³ de agua limpia. Esto equivale a decir que para fabricar 1.000 Kg de papel blanco se consumen 100.000 litros de agua, es decir que nuestro salón de clase está consumiendo 11.500 litros de agua solo en las resmas de papel. No estamos contabilizando las cartulinas, el rollo de papel craft, los cuadernos, etc.

Para fabricar 1.000 Kg de papel blanco se consumen 100.000 litros de agua, es decir que nuestro salón está utilizando 11.500 litros de agua solo en resmas de papel.

Si bien vivimos en un mundo cada vez más tecnológico y digital, es innegable que la educación, especialmente en la etapa preescolar y primaria, cuando los niños y niñas están en el proceso de aprendizaje mediante la lecto escritura, requiere del uso de papel, elemento que aún no veo cómo pueda ser remplazado. Sin embargo, también es fundamental la educación en el correcto aprovechamiento de este recurso y ahí, los colegios tienen un gran reto: diseñar junto con docentes, estudiantes y padres de familia, un programa para mejorar su uso.

Este proyecto puede comenzar con la recopilación de datos estadísticos concretos a partir de responder a preguntas como: ¿sobraron resmas?, ¿se usaron las hojas por ambas caras?, ¿se recicló el papel de los trabajos ya calificados?, ¿los cuadernos se utilizaron en su totalidad? Sin duda, estos datos serán un importante insumo para generar la estrategia de consumo responsable de papel, donde todos los actores aporten ideas para generar consciencia ambiental y hábitos realmente sostenibles.