El pasado mes de abril durante la 32a versión de la Feria Internacional del Libro en Bogotá (Filbo) acompañé a mi ahijado de 9 años quien quería comprar el libro de su autora favorita del momento. Luego de lograr su cometido y compartir unos instantes con ella, proseguimos nuestro recorrido por los pabellones, atiborrados que estaban de personas lo que, debo decirlo, me sorprendió gratamente por el interés que desatan aún los libros en medio de esta 4a revolución industrial marcada por la convergencia de tecnologías digitales, física y biológicas y que promete ser una verdadera revolución en la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos según el propio Klaus Schwab, con lo que deja en evidencia que la combinación de factores humanos per se trascienden la mera automatización y  llaman a la inclusión de diversas variables necesarias para la subsistencia como la económica, la social y la ambiental.

En uno de los pabellones de este gran complejo como lo es Corferias que en poco más de 64.000 mts2  ha albergado eventos de todo tipo, siendo la Filbo uno de los más representativos, me encontré un libro que viéndolo por encima era otro de muchos tantos de auto-ayuda escrito por dos entusiastas psicoanalistas, por lo que dije “no me enredo la cabeza y sigo mirando” tratando de hallar alguna novela épica o un best seller al estilo Dan Brown, Ken Follet o Santiago Posteguillo. No obstante, algo me hizo tomar nuevamente el libro en mención y re-leyendo su título “The Tools” o El método como se comercializa en América Latina, sentí curiosidad y lo compré, además porque estaba con descuento. Ahhh! Porque si algo cuesta en Colombia es leer y hacer un posgrado. Eso hay que abonarle a la Filbo, allí se encuentra todo tipo de literatura, arte, juegos, revistas, cuentos, comics y algunos con precios razonables.

El método o “the tools”, estuvo guardado un tiempo, ya que de entrada me cautivó Matteo Strukul con la intrigante historia de la Florencia del siglo XV alrededor de una de las familias más poderosas como lo fueron los Medici, donde con una hábil narrativa descriptiva sumerge al lector en una trama de misterio, negocios, guerras, amor, arte, cultura y florecimiento arquitectónico de una de las más bellas ciudades de Italia. Pues, un día cualquiera llamó mi atención un separador de libros que tenía por inscripción en letras metalizadas “estrategia diabólica” lo miré y allí estaba El Método esperando que lo abriera y comencé ojeando su primer capítulo que inicia con el relato de una paciente de psicoterapia de uno de los autores que sentía -obsesivamente- que su novio la engañaba, y debo confesar que lo hice más por la curiosidad infinita del ser humano sobre lo que le acontece a los demás que por un interés literario.

Adentrándome en los primeros capítulos encontré esas “herramientas” de las que hablan sus autores. Verdadera y sorprendentemente el uso como referencia, de sus consultas y los problemas planteados por sus pacientes, me llevaron a evidenciar situaciones que regularmente vivimos por lo que quiero expresar a continuación algunos elementos que me llamaron la atención para la reflexión cotidiana, sin pretender por supuesto, hacer un resumen del libro el cual desde ya recomiendo:

Lo de convertir los problemas en oportunidades ya lo he oído antes, pero nadie me había explicado la manera exacta de aplicarlo” Es común escuchar (o leer) a los hoy llamados “influencers” o “coaches” plantear reiteradamente esta premisa y todos decimos “sí, sí, así es, bravo!!!” y luego de la euforia nos pasa lo de siempre, nos falta el “CÓMO?” y en la mayoría de los casos el cómo hacerlo es lo que nos bloquea, nos limita y nos frustra.

“¿puedo hacer algo para resolver este problema? Y la pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué herramientas me permiten resolverlo?” Volvemos a lo mismo, ¿cómo puedo resolver el problema? El punto es que nos agobia tanto el problema y nos atrapa de tal manera que nos imbuimos en él sin reparar en su solución. El punto de inflexión es, el problema ya está y frente al mismo no se puede hacer nada, queda es lo que tengo para solucionarlo.

La salud de nuestra sociedad depende del esfuerzo de cada individuo” Y aquí me perdonarán pero desvirtuaré lo que nos enseñaban en el colegio de que la familia es el núcleo de la sociedad. No! El núcleo de la sociedad es el individuo y depende de sus actitudes, valores y creencias, y de cómo ello contribuye al beneficio familiar y al desarrollo de la sociedad.

Somos una [sociedad] en busca de su zona de comodidad (zona de confort)” no siendo un espacio físico, se convierte en una manera de vivir, evitando el dolor, el miedo, los desafíos, aumentando las inseguridades. Creemos que nos pone fuera de un peligro, pero lo que hace es empequeñecernos. Citando a Oliver Wendell Holmes en “The Voiceless”, “Qué lástima los que jamás cantan y mueren con su música en su interior”.

Cuando te implicas en algo con firmeza, también se pone en marcha la Providencia* poniendo a tu favor toda suerte de incidentes, encuentros, [posibilidades] y ayuda, imprevistos con los que ni soñabas”, (*fuerzas superiores, universo, dios), es una constante donde la paciencia y la perseverancia aumentan la [fe] progresión y la sincronía con movimientos mayores, como el universo, pero claro uno busca respuestas inmediatas y como dicen los autores, la Providencia no actúa recompensándonos como una foca amaestrada, hay que comprender las diferentes señales y atenderlas.

Nos han programado para asociar la grandeza a las personas que lograron poder o fama en el mundo exterior y damos poco valor a una grandeza interna que puede construirse cualquiera”, el culto a ese éxito exterior intrínsecamente desarrolla una actitud egoísta e individualista, viviendo en la espera de una validación de nuestra vida por parte de otros, cuando somos nosotros quienes podemos generar esa validación a partir del fortalecimiento del valor propio.

“Crecer espiritualmente consiste en entender que el verdadero amor se trabaja”, se debe trabajar mucho en el amor interior o el amor propio que parte del auto reconocimiento (con sus fortalezas y debilidades), ya que usualmente se concibe el amor como aquel que se siente cuando la otra persona te complace. Esto parte del egoísmo y es cualquier otra cosa menos amor.

El contacto con los demás también es un ingrediente básico del éxito. Las oportunidades más importantes de la vida proceden de otras personas. Estaría muy bien que se otorgasen en función del mérito, como recompensa al talento o al esfuerzo, pero el mundo no funciona así”. Tan oportuna en estos momentos de cesación laboral. Si el sentido de las relaciones humanas es la comunicación e interacción permanentes (cómo más debería ser con 8.000 millones de habitantes en 149 millones de kms2 que corresponden a tierra mientras que 361 millones de kms2 son agua), lógico es pensar que esto implica una serie de conexiones, nodos y redes que se entretejen y dinamizan. Esto parte de algo que amerita profundizarse en otro momento y es la confianza. Si la gente te conoce, se siente conectada contigo, confían y te dan la oportunidad, claro siempre y cuando esto parta de ese claro y legítimo reconocimiento puesto que, esto tienes sus “variaciones” en torno a las conveniencias e intereses.

Por lo pronto dejo estas breves citas como lo dije antes, una mera reflexión. Hacerlo de vez en cuando [reflexionar] nos hace bien, nos lleva a replantearnos nuestro actuar, nuestra coherencia, nuestro amor propio y qué tanto aportamos a la construcción de relaciones estables y duraderas, sobre todo cuando interactuamos permanentemente.